viernes, 2 de abril de 2010

LA SIMBOLOGÍA

Todos los pueblos de la tierra se han interrelacionado entre sí y se han conectado con el universo y la naturaleza, a través de símbolos que fueron revelados por los dioses para que el hombre pudiera mantener contacto con lo espiritual y lo divino, con lo sobrenatural y supracósmico. Los libros sagrados de las distintas culturas nos hablan en un lenguaje simbólico: a través de parábolas, metáforas y poesías, rituales y mitologías, nos transmiten ideas metafísicas que en sus aspectos esenciales son idénticas en todas las culturas, pues se refieren a la misma y única Verdad. Tanto las escrituras de los Vedas, El I Chin y el Tao Te King del extremo oriente, la Biblia, los Evangelios y el Corán en las tradiciones judía, cristiana y árabe, como las mitologías arcaicas, egipcias, griegas, romanas y escandinavas, y los códices de los indios americanos -para poner sólo los símbolos sagrados y penetrar sus regiones más interiores, ocultas y secretas: las dimensiones de lo metafísico que nos revela la identidad suprema de todas las culturas y de nosotros mismos.

Las tradiciones antiguas -la mayoría de las cuales aún conservan, aunque oculta, plena vigencia y autoridad, en virtud de haberse mantenido intactos sus conocimientos esenciales- consideran al símbolo como el vehículo más adecuado de expresión de las verdades de orden metafísico; de él se valen las ideas más elevadas para descender al mundo concreto, y a la vez él es el instrumento que utiliza el hombre para ascender desde su realidad material, hacia su ser verdadero y espiritual. Las enseñanzas de la Simbología -a pesar de las múltiples y sistemáticas persecuciones que ha sufrido a través de los siglos- dichosamente se han preservado hasta nuestros días gracias a las escuelas de iniciación que, de manera ritual, han transmitido sus secretos ininterrumpidamente, de generación en generación, permitiendo que, a pesar de lo convulsionado del mundo moderno, pueda el hombre ahora, en el siglo XXI, reencontrar sus orígenes sagrados y re-ligar, por intermedio de esos mismos símbolos, con las regiones ocultas y misteriosas del ser y con su propia esencia. Pues esta antigua ciencia sagrada ha logrado transmitir el significado profundo e interno que se conserva siempre intacto dentro de los signos misteriosos del universo, la naturaleza, y el hombre. Para la Simbología, todos los seres manifestados son la representación simbólica de una energía invisible y sutil que se aloja en su interior. El universo entero es un código simbólico que nos muestra, en cada una de sus partes y en la perfecta armonía en que éstas se relacionan entre sí, una inteligencia y una Sabiduría superiores que el hombre puede alcanzar si traspasa la apariencia de las formas y logra penetrar en la esencia invisible de las cosas. El espacio celeste; las estrellas y los planetas con sus movimientos; la tierra, los múltiples seres que la habitan, sus estaciones, elementos y reinos, se expresan en el idioma mágico y simbólico de la naturaleza, que proviene de un mundo sobrenatural, "más allá del firmamento", en el que habitan arcángeles y dioses, y al que el ser humano, con el auxilio de la gracia, accede. Pero no sólo las manifestaciones de la naturaleza son simbólicas; también lo son todas las expresiones culturales patrimonio de la humanidad: la historia y las mitologías; las letras, las palabras y los números; los rituales; la agricultura, el comercio; los oficios, el arte; la construcción, la guerra, y hasta los juegos, no son otra cosa que símbolos de esa realidad trascendente. Y agregaremos a esto que también el hombre, al que se considera como microcosmos, es un símbolo, pues él representa al macrocosmos, al universo entero, el cual al mismo tiempo es también símbolo de esa inteligencia y armonía que lo constituyen. De esta manera el ser humano, que en su estado ordinario se identifica únicamente con su realidad individual, al desplegar sus posibilidades universales puede alcanzar una conciencia cósmica, la cual es capaz de llevarlo, siempre por la vía simbólica de la iniciación, a una conciencia aun superior o supracósmica en la que hallará su esencia, su verdadero ser. Bien se ha dicho que el hombre es un pequeño universo y el universo un hombre grande; o, en palabras atribuidas a Hermes, que "como es arriba es abajo". Por lo tanto, podemos afirmar que si el hombre realiza esfuerzos por conocerse a sí mismo -lo cual es la meta de los trabajos de la Simbología- logrará simultáneamente conocer los secretos del universo; y, por otra parte, que si investiga en los misterios del cosmos, estará realizando una verdadera labor de autoconocimiento. El símbolo es una guía para el pensamiento y un soporte para la meditación, el recogimiento, la concentración y la oración. Sin embargo, debemos comprender a los símbolos únicamente como vehículos de expresión y no ver en ellos un fin, ya que es propio de la superstición y la idolatría, el confundir al objeto-símbolo con las ideas en él simbolizadas. La razón de ser de la Simbología es el conocimiento directo de esas ideas, o fuerzas, o energías, las cuales han de ser experimentadas en el interior de la conciencia. Incluso se dice que el símbolo no debería ser estrictamente necesario para el conocimiento, pues esas ideas y energías podrían experimentarse aun sin necesidad de su intermediación. Pero el símbolo resulta un vehículo particularmente útil y adecuado para conducir la mente, el pensamiento y la conciencia hacia ese mundo metafísico al que nos hemos estado refiriendo, ya que por una parte, las ideas superiores encuentran en él el recipiente ideal para concretarse y manifestarse en el mundo material, y, por la otra, el símbolo, como logra tocar los sentidos, hace posible que el hombre se eleve, a partir de su realidad sensible, hacia otras esferas cada vez más sutiles e invisibles -pero al mismo tiempo más reales- de su propio ser. En otras palabras: lo metafísico adquiere, gracias al símbolo, una realidad física; y el hombre, a partir de los sentidos que le muestran esa realidad concreta, y con el apoyo de las energías que han sido depositadas en el propio símbolo, puede experimentar por su intermedio la realidad de ese mundo abstracto, metafísico y espiritual.

FORMULARIO PARA INTERESADOS EN LA MASONERÍA (HOMBRES Y MUJERES) EN EL ORIENTE DE BARRANQUILLA