sábado, 6 de octubre de 2007

Reflexiones sobre mi Iniciación


No podré olvidar el día de mi iniciación en la Orden Masónica, pues coincidió con el aniversario de mi matrimonio, el 11 de septiembre del año en curso. Quiero hoy reflexionar en torno a los grandes momentos vividos y la inmensa percepción que tuve desde mi corazón y desde mi razón, en torno a los momentos de la ceremonia de iniciación que se fijaron en mí y que me han acompañado durante toda esta semana, es por eso que por orientación de un hermano he visto bien la realización de una plancha sobre mis emociones y percepciones durante y después de mi ceremonia de iniciación. Recuerdo perfectamente el azul, como color con que fui envestido, de hecho al principio, durante la preparación no lograba entender que pasaba, pero todo comenzó a cambiar cuando fui vendado, lo cual me llevo a ver todas las oscuridades de mi vida, deternerme, durante el tiempo que tuve a solas a pensar cómo muchas veces en mi vida he actuado inadecuadamente, en contra inclusive de los principios que de familia recibí durante mi primera formación. Estar a oscura también me llevó a pensar que en mi vida han existidos muchos momentos lejos del conocimiento y anclado en la ignorancia, actuando sin tener la luz que debe guiarme en la construcción de mi espíritu. Un hecho que mi impacto en ese momento fue sentirme atado, como si otros no me dejaran actuar, me sentí como un esclavo, limitado a la voluntad ajena, lejos de ser un hombre autónomo y libre como siempre había pensado que lo era. Luego al ser conducido a la cámara de reflexiones, experimenté el contacto con la tierra, recordándome que soy un ser de la naturaleza, pero que tengo el espíritu del Creador. En ese mismo sitio, pude experimentar como la oscuridad y la muerte no son un estado producto de la materia, por el contrario son fruto del incumplimiento de las máximas morales presentes en los anuncios de las paredes, los cuales me dejaron ver claro que había sido conducido hasta este lugar para que reflexionara sobre las profundidades existenciales del paso que me aprestaba a dar. El estar ahí no me produjo temor, pero si me permitió reflexionar frete a dos cuestionamientos vitales que me surgieron en ese momento, a saber: ¿me conozco? ¿Por qué estoy aquí? Frente al primer cuestionamiento, la misma cámara de reflexiones me da su respuesta, cuando leo la inscripción socrática: “Conócete a ti mismo” gnosti te autvn (nosce te ipsum), ello me lleva a pensar que no se realmente quién soy, de dónde vengo y hacía donde voy, pero me permite pensar que mi vida no puede estar mediada por el azar y la irreflexión. Los elementos naturales que recuerdo, como el agua, el trigo, el azufre, la sal, las cenizas, me recuerdan que la naturaleza es parte de mi vida y que necesito de ellos para el alimento de mi cuerpo y de mi espíritu. Frente al segundo cuestionamiento, las inscripciones me facilitaron la reflexión en torno a que el paso que iba a dar busca, como hace tiempo lo tenía claro, el poder crecer espiritualmente con unos hermanos y vivir los valores de libertad, fraternidad e igualdad, esta reflexión permitió a mi corazón y a mi razón no dudar en la continuidad de la ceremonia de iniciación. La cámara de reflexiones me enfrentó con la muerte, simbolizada en la calavera y el ataúd, estos dos símbolos me permitieron ver lo frágil que es mi vida, me recordaron el adagio popular: “lo único que tenemos seguro es la muerte”, como dice la escritora catalana Rosa Regás, “Cuando eres consciente de la muerte, acabas asumiendo tu propia soledad”.En cierta medida, estar en la cámara de reflexiones me llevó a pensar en la necesidad que tengo de ser purificado en lo más profundo de mi ser, para que se abra en mi vida cotidiana todos los valores y las virtudes humanas. Antes de entrar a la cámara de reflexiones se me entregó un papel para que escribiera allí mi pensar sobre las cosas más importante que ha tenido mi vida conmigo y con los demás seres humanos que Dios ha permitido que estén presente en mi vida, lo percibí ante el féretro, como mi testamento, acompañado de un profundo silencio, del frío de la arena en mi pie derecho y de las inscripciones colgadas en las paredes, pude pues meditar lo frágil y breve que es mi vida y el sentido y valor que tengo con los demás seres humanos, así como para con Dios, con el prójimo, y conmigo mismo. Luego de escribir este “testamento” lo dejé en la mesa con la tranquilidad que da el espíritu que me indicaba lo frágil que soy y lo poco que tengo para ocultar. Nuevamente vendado, nuevamente en el frío de mi oscuridad, voy siendo guiado, tratando de reinterpretar el significado para mí del gallo, y lo entiendo como lo importante que debe ser en mi vida, de aquí en adelante, de la puntualidad y la responsabilidad, valores sobreestimados por mi en mi vida personal, laboral y familiar. Libre de toda limitación que me la da el confrontarme con mi propia muerte, soy guiado por una mano hermana, en la cual pongo toda mi confianza y me dejo guiar como un niño que confía plenamente en las acciones de su padre. Ese hermano permitió experimentar en mi vida la importancia del compañero que nos lleva hacia el encuentro con Dios y con uno mismo, superar todo tipo de obstáculos que impedían mi fácil movilización, gracias a ese hermano acompañante mi corazón no pudo experimentar el temor al ruido, los vientos, el agua y el fuego. Es una experiencia única en mi vida, la cual, cotidianamente, me invita desconfiar de los demás. Sin percibirlo muy bien, seguro de mi actuar, soy guiado al Templo, en donde se me hace entrar y comienzo tres viajes simbólicos; recuerdo perfectamente el ruido que me hace presente la tempestad, ese ruido es para mí la fuerza de los distractores que hay en muchos momentos de mi vida, luego de tan mayúsculo tormento siento la tranquilidad del viento, es decir de mi yo, de mi interioridad, de mi espíritu y me recuerdo durante el soplo del aire de una frase de la creación del hombre en el libro del Génesis 2:7 “Entonces el Señor Dios formó al hombre con polvo del suelo, e insufló en su nariz aliento de vida, y resultó el hombre un ser viviente”; es esta frase dando vueltas en mi razón y en mi corazón la que me hace estar atento a todo los acontecimientos. Luego, recuerdo como el agua purifica mis manos, pero más que un lavado de manos, se que algo nuevo viene para mi, pues siempre el agua la he valorado como expresión de purificación, es por eso que me siento con unas manos limpias, capaz de actuar desde la verdad, esa sensación de pureza me permite pensar que de hoy en adelante podré actuar más congruentemente con lo que pienso y siento. En el tercer viaje, el del fuego me produce un poco de temor, pero lo siento como una fuerza renovadora en mí, capaz de limpiar todo lo negativo que tengo, bien es cierto que al fuego nada malo se le resiste. En este momento de la ceremonia de mi iniciación en la Orden Masónica, tengo tanta tranquilidad que estoy dispuesto a jurar sobre las grandes luces como son la Santa Biblia, la Escuadra, y el Compás, este juramento masónico implica para mí guardar los secretos de la Orden Masónica y vivir sobre todo en solidaridad; durante él descubro la felicidad que me da el estar actuando en nombre de Dios y el saber que me comprometo en este día, 11 de septiembre, a ser fiel a un compromiso con Dios, con los demás y conmigo mismo, como un día igual lo hice con mi esposa. En un segundo se me destapan los ojos, siento la espada en mi garganta, pero no me da temor, me produce confianza en mi actuar, pensar y sentir; posteriormente soy acogido con cariño y respeto por el V.•.M.•. y los QQ.•.HH.•., lo cual me expresa lo importante que es hoy para mi el respeto a la autoridad y a la experiencia de los demás. La percepción de lo que aconteció posteriormente, fue para mí muy rápida, tanta simbología que hoy no entiendo, pero que adquirirá sentido en la medida que la comprenda, ellas son: los linderos, el oriente, los hermanos vigilantes, el H.•. EXP.•. las columnas, el mandil, el toque, al orden, la palabra secreta, la lección de caridad, la escuadra, el nivel, la plomada la piedra bruta, la piedra cúbica, el mazo, el cincel y la regla. Recuerdo que se me dijo algo muy importante para mí, en como dividir las 24 horas del día en el estudio, el trabajo y la dedicación a la familia. Luego, sentí profundamente una gran acogida con la cadena, gran signo de aceptación por mí. También recuerdo con agrado, en la oscuridad externa, pero con la iluminación del espíritu de todos los que estábamos allí, una cena sencilla, compartida con hermanos que comienzan a ser parte fundamental de mi vida. Esa noche, fue fácil conciliar el sueño, a pesar de tantas preguntas sobre los acontecimientos vividos, tantos símbolos, solamente se que he pedido la luz y se me ha concedido comenzar a salir de mis oscuridades. Gracias V.•.M.•. y QQ.•.HH.•., por compartir conmigo estos grandes misterios de la Orden Masónica; es por eso que he querido compartir con ustedes V.•.M.•. y QQ.•.HH.•., con la sencillez de mis palabras y con la actitud de la humildad del que desconoce la verdad, estas breves, pero significativas palabras sobre mis experiencias y reflexiones en torno a mi iniciación en la Orden Masónica. Quiero terminar recordando tres palabras pronunciadas al unísono por la Honorable Logia: Libertad, Igualdad, Fraternidad.

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