No podré olvidar el día de
mi iniciación en la Orden Masónica, pues coincidió con el aniversario de mi
matrimonio, el 11 de septiembre del año en curso. Quiero hoy reflexionar en
torno a los grandes momentos vividos y la inmensa percepción que tuve desde mi
corazón y desde mi razón, en torno a los momentos de la ceremonia de iniciación
que se fijaron en mí y que me han acompañado durante toda esta semana, es por
eso que por orientación de un hermano he visto bien la realización de una
plancha sobre mis emociones y percepciones durante y después de mi ceremonia de
iniciación.
Recuerdo perfectamente el azul, como color con que
fui envestido, de hecho, al principio, durante la preparación no lograba
entender que pasaba, pero todo comenzó a cambiar cuando fui vendado, lo cual me
llevo a ver todas las oscuridades de mi vida, detenerme, durante el tiempo que
tuve a solas a pensar cómo muchas veces en mi vida he actuado inadecuadamente,
en contra inclusive de los principios que de familia recibí durante mi primera
formación. Estar a oscura también me llevó a pensar que en mi vida han
existidos muchos momentos lejos del conocimiento y anclado en la ignorancia,
actuando sin tener la luz que debe guiarme en la construcción de mi espíritu.
Un hecho que mi impacto en ese momento fue sentirme
atado, como si otros no me dejaran actuar, me sentí como un esclavo, limitado a
la voluntad ajena, lejos de ser un hombre autónomo y libre como siempre había
pensado que lo era. Luego al ser conducido a la cámara de reflexiones,
experimenté el contacto con la tierra, recordándome que soy un ser de la
naturaleza, pero que tengo el espíritu del Creador.
En ese mismo sitio, pude experimentar como la
oscuridad y la muerte no son un estado producto de la materia, por el
contrario, son fruto del incumplimiento de las máximas morales presentes en los
anuncios de las paredes, los cuales me dejaron ver claro que había sido
conducido hasta este lugar para que reflexionara sobre las profundidades
existenciales del paso que me aprestaba a dar. El estar ahí no me produjo
temor, pero si me permitió reflexionar frete a dos cuestionamientos vitales que
me surgieron en ese momento, a saber: ¿me conozco? ¿Por qué estoy aquí?
Frente al primer cuestionamiento, la misma cámara
de reflexiones me da su respuesta, cuando leo la inscripción socrática:
“Conócete a ti mismo” gnosti te autvn (nosce te ipsum), ello me lleva a pensar
que no se realmente quién soy, de dónde vengo y hacía donde voy, pero me
permite pensar que mi vida no puede estar mediada por el azar y la irreflexión.
Los elementos naturales que recuerdo, como el agua, el trigo, el azufre, la
sal, las cenizas, me recuerdan que la naturaleza es parte de mi vida y que
necesito de ellos para el alimento de mi cuerpo y de mi espíritu.
Frente al segundo cuestionamiento, las
inscripciones me facilitaron la reflexión en torno a que el paso que iba a dar
busca, como hace tiempo lo tenía claro, el poder crecer espiritualmente con
unos hermanos y vivir los valores de libertad, fraternidad e igualdad, esta
reflexión permitió a mi corazón y a mi razón no dudar en la continuidad de la
ceremonia de iniciación.
La cámara de reflexiones me enfrentó con la muerte,
simbolizada en la calavera y el ataúd, estos dos símbolos me permitieron ver lo
frágil que es mi vida, me recordaron el adagio popular: “lo único que tenemos
seguro es la muerte”, como dice la escritora catalana Rosa Regás, “Cuando eres
consciente de la muerte, acabas asumiendo tu propia soledad”.
En cierta medida, estar en la cámara de reflexiones
me llevó a pensar en la necesidad que tengo de ser purificado en lo más
profundo de mi ser, para que se abra en mi vida cotidiana todos los valores y
las virtudes humanas. Antes de entrar a la cámara de reflexiones se me entregó
un papel para que escribiera allí mi pensar sobre las cosas más importante que
ha tenido mi vida conmigo y con los demás seres humanos que Dios ha permitido
que estén presente en mi vida, lo percibí ante el féretro, como mi testamento,
acompañado de un profundo silencio, del frío de la arena en mi pie derecho y de
las inscripciones colgadas en las paredes, pude pues meditar lo frágil y breve
que es mi vida y el sentido y valor que tengo con los demás seres humanos, así
como para con Dios, con el prójimo, y conmigo mismo.
Luego de escribir este “testamento” lo dejé
en la mesa con la tranquilidad que da el espíritu que me indicaba lo frágil que
soy y lo poco que tengo para ocultar. Nuevamente vendado, nuevamente en el frío
de mi oscuridad, voy siendo guiado, tratando de reinterpretar el significado
para mí del gallo, y lo entiendo como lo importante que debe ser en mi vida, de
aquí en adelante, de la puntualidad y la responsabilidad, valores
sobreestimados por mí en mi vida personal, laboral y familiar.
Libre de toda limitación que me la da el
confrontarme con mi propia muerte, soy guiado por una mano hermana, en la cual
pongo toda mi confianza y me dejo guiar como un niño que confía plenamente en
las acciones de su padre. Ese hermano permitió experimentar en mi vida la
importancia del compañero que nos lleva hacia el encuentro con Dios y con uno
mismo, superar todo tipo de obstáculos que impedían mi fácil movilización,
gracias a ese hermano acompañante mi corazón no pudo experimentar el temor al
ruido, los vientos, el agua y el fuego.
Es una experiencia única en mi vida, la cual,
cotidianamente, me invita desconfiar de los demás. Sin percibirlo muy bien,
seguro de mi actuar, soy guiado al Templo, en donde se me hace entrar y comienzo
tres viajes simbólicos; recuerdo perfectamente el ruido que me hace presente la
tempestad, ese ruido es para mí la fuerza de los distractores que hay en muchos
momentos de mi vida, luego de tan mayúsculo tormento siento la tranquilidad del
viento, es decir de mi yo, de mi interioridad, de mi espíritu y me recuerdo
durante el soplo del aire de una frase de la creación del hombre en el libro
del Génesis 2:7 “Entonces el Señor Dios formó al hombre con polvo del suelo, e
insufló en su nariz aliento de vida, y resultó el hombre un ser viviente”; es
esta frase dando vueltas en mi razón y en mi corazón la que me hace estar
atento a todo los acontecimientos.
Luego, recuerdo como el agua purifica mis manos,
pero más que un lavado de manos, se que algo nuevo viene para mí, pues siempre
el agua la he valorado como expresión de purificación, es por eso que me siento
con unas manos limpias, capaz de actuar desde la verdad, esa sensación de
pureza me permite pensar que de hoy en adelante podré actuar más congruentemente
con lo que pienso y siento.
En el tercer viaje, el del fuego me produce un poco
de temor, pero lo siento como una fuerza renovadora en mí, capaz de limpiar
todo lo negativo que tengo, bien es cierto que al fuego nada malo se le
resiste. En este momento de la ceremonia de mi iniciación en la Orden Masónica,
tengo tanta tranquilidad que estoy dispuesto a jurar sobre las grandes luces
como son la Santa Biblia, la Escuadra, y el Compás, este juramento masónico
implica para mí guardar los secretos de la Orden Masónica y vivir sobre todo en
solidaridad; durante él descubro la felicidad que me da el estar actuando en
nombre de Dios y el saber que me comprometo en este día, 11 de septiembre, a
ser fiel a un compromiso con Dios, con los demás y conmigo mismo, como un día
igual lo hice con mi esposa.
En un segundo se me destapan los ojos, siento la
espada en mi garganta, pero no me da temor, me produce confianza en mi actuar,
pensar y sentir; posteriormente soy acogido con cariño y respeto por el
V.·. M.·. y los QQ.·. HH.·., lo cual me expresa lo importante que es hoy para mi
el respeto a la autoridad y a la experiencia de los demás. La percepción de lo
que aconteció posteriormente, fue para mí muy rápida, tanta simbología que hoy
no entiendo, pero que adquirirá sentido en la medida que la comprenda, ellas
son: los linderos, el oriente, los hermanos vigilantes, el H.·. EXP.·. las
columnas, el mandil, el toque, al orden, la palabra secreta, la lección de
caridad, la escuadra, el nivel, la plomada la piedra bruta, la piedra cúbica,
el mazo, el cincel y la regla.
Recuerdo que se me dijo algo muy importante para
mí, en como dividir las 24 horas del día en el estudio, el trabajo y la
dedicación a la familia. Luego, sentí profundamente una gran acogida con la
cadena, gran signo de aceptación por mí. También recuerdo con agrado, en la
oscuridad externa, pero con la iluminación del espíritu de todos los que
estábamos allí, una cena sencilla, compartida con hermanos que comienzan a ser
parte fundamental de mi vida.
Esa noche, fue fácil conciliar el sueño, a pesar de
tantas preguntas sobre los acontecimientos vividos, tantos símbolos, solamente
sé que he pedido la luz y se me ha concedido comenzar a salir de mis
oscuridades. Gracias V.·. M.·. y QQ.·. HH.·., por compartir conmigo estos grandes
misterios de la Orden Masónica; es por eso que he querido compartir con ustedes
V.·. M.·. y QQ.·. HH.·., con la sencillez de mis palabras y con la actitud de la
humildad del que desconoce la verdad, estas breves, pero significativas
palabras sobre mis experiencias y reflexiones en torno a mi iniciación en la
Orden Masónica. Quiero terminar recordando tres palabras pronunciadas al
unísono por la Honorable Logia: Libertad, Igualdad, Fraternidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Tus comentarios son importantes para mi, ¡ánimo lo estoy esperando!