Lo que nadie le explica a quien está pensando tocar la puerta
Quien entra esperando
networking, -entendido cono la práctica estratégica y continua de construir,
nutrir y aprovechar relaciones profesionales basadas en la confianza y el valor
mutuo, - influencia o simple pertenencia puede sentirse decepcionado. Porque en
su núcleo más auténtico, la masonería exige algo mucho más difícil: coherencia.
Desde la psicología
social sabemos que los seres humanos vivimos rodeados de autojustificaciones.
El psicólogo Leon Festinger explicó el concepto de disonancia cognitiva: cuando
nuestras acciones no coinciden con nuestros valores, tendemos a acomodar los
valores para no sentir incomodidad. La masonería, cuando se vive con seriedad,
hace exactamente lo contrario: aumenta la incomodidad. Obliga a mirar esa
incoherencia de frente.
No es un juego porque no
le permite mentirse con facilidad, en términos prácticos, ¿qué significa eso? Significa
que, si usted habla de honestidad, deberá practicarla incluso cuando nadie lo
observe; significa que, si afirma creer en la dignidad humana, no podrá
justificar conductas humillantes en su trabajo o en su hogar; significa que, si
promete superarse, tendrá que invertir tiempo, disciplina y energía real en
hacerlo.
El sociólogo Erving
Goffman explicó que todos actuamos en escenarios sociales, mostrando una
“fachada” ante los demás, la masonería seria intenta desmontar esa fachada, no
para exponer públicamente sus debilidades, sino para que usted las conozca y
trabaje sobre ellas. Ese proceso no siempre es cómodo. Puede producir crisis
personales, cuestionamientos profundos e incluso conflictos con personas que
preferirían que usted siguiera siendo el de siempre.
En la vida personal, el
riesgo es claro: ya no podrá vivir con la misma superficialidad moral, empezará
a notar contradicciones que antes ignoraba. Tendrá que preguntarse por qué
actúa como actúa, qué lo mueve realmente, qué miedos gobiernan sus decisiones.
En la vida familiar, la
exigencia es aún mayor. No tiene sentido hablar de valores elevados si en casa
predomina el irrespeto, la indiferencia o el autoritarismo. La masonería no lo
hará perfecto, pero sí más consciente. Y esa conciencia puede ser incómoda.
Porque lo enfrentará a la pregunta más difícil: ¿soy en privado la misma
persona que aparento ser en público?
En el ámbito laboral,
las implicaciones pueden ser concretas. Si usted asume seriamente principios
como la rectitud y la justicia, puede encontrarse en tensión con prácticas
comunes: favoritismos, pequeñas corrupciones, silencios cómplices. Mantenerse
firme puede costar oportunidades, no siempre es rentable ser íntegro. Pero la
masonería no promete rentabilidad; propone coherencia.
También existen riesgos sociales.
En algunos contextos, la masonería es incomprendida o vista con sospecha. Usted
puede ser etiquetado por pertenecer a algo que otros no conocen. Tendrá que
aprender a sostener su identidad con serenidad, sin fanatismo y sin vergüenza.
Hay además un riesgo
interior más profundo: el cambio. El psicólogo Carl Rogers sostenía que el
crecimiento personal implica abandonar la imagen idealizada que tenemos de
nosotros mismos para acercarnos a lo que realmente somos. Ese proceso puede
generar ansiedad, porque desmonta seguridades. La masonería, en su versión más
auténtica, es un entorno estructurado para ese crecimiento. Y crecer duele.
Nada de esto significa
que la masonería sea peligrosa en el sentido dramático que a veces se imagina.
No se trata de rituales oscuros ni de poderes ocultos. El verdadero riesgo es
más sencillo y más serio: usted puede empezar a tomarse su propia vida con
mayor responsabilidad.
Entrar en la masonería
implica aceptar un compromiso con el mejoramiento constante; implica dedicar
tiempo regular a reflexionar, estudiar, dialogar y revisar su conducta; implica
someterse a una comunidad que espera coherencia; implica escuchar críticas y reconocer errores.
No es un juego porque no
se trata de entretenimiento. Es un camino de trabajo personal estructurado, con
reglas, con disciplina y con expectativas éticas claras. Puede enriquecer
profundamente su vida si está dispuesto a asumirlo con madurez. Puede, también,
confrontarlo con aspectos de usted mismo que preferiría no mirar.
Si usted busca una
experiencia ligera, decorativa o puramente social, quizá no sea el lugar
adecuado. Si busca un espacio donde se le exija pensar, mejorar y vivir con
mayor integridad, entonces está ante algo serio.
La pregunta no es si la
masonería es misteriosa. La pregunta es si usted está dispuesto a permitir que
algo cuestione sus hábitos, sus creencias y su forma de vivir, porque cuando
se la entiende en profundidad, la masonería no es un juego, es una decisión que
puede transformar su vida, y, toda transformación auténtica tiene
implicaciones.
