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sábado, 21 de febrero de 2026

¿QUIERES SER MASÓN? LA MASONERÍA NO ES UN JUEGO

 

Lo que nadie le explica a quien está pensando tocar la puerta

 Si usted está leyendo esto porque siente curiosidad por la masonería, deténgase un momento. No porque deba temer a una conspiración ni a un secreto oscuro, sino porque lo que está considerando no es un pasatiempo, ni un club social, ni una experiencia folclórica. Es una decisión que, si se asume seriamente, puede modificar su forma de pensar, de relacionarse y de vivir. La masonería es una organización iniciática, eso significa que no se limita a transmitir información; propone un proceso de transformación personal. Utiliza símbolos, rituales y una estructura de trabajo que buscan provocar reflexión profunda sobre uno mismo. No pretende entretener: pretende confrontar.

Quien entra esperando networking, -entendido cono la práctica estratégica y continua de construir, nutrir y aprovechar relaciones profesionales basadas en la confianza y el valor mutuo, - influencia o simple pertenencia puede sentirse decepcionado. Porque en su núcleo más auténtico, la masonería exige algo mucho más difícil: coherencia.

Desde la psicología social sabemos que los seres humanos vivimos rodeados de autojustificaciones. El psicólogo Leon Festinger explicó el concepto de disonancia cognitiva: cuando nuestras acciones no coinciden con nuestros valores, tendemos a acomodar los valores para no sentir incomodidad. La masonería, cuando se vive con seriedad, hace exactamente lo contrario: aumenta la incomodidad. Obliga a mirar esa incoherencia de frente.

No es un juego porque no le permite mentirse con facilidad, en términos prácticos, ¿qué significa eso? Significa que, si usted habla de honestidad, deberá practicarla incluso cuando nadie lo observe; significa que, si afirma creer en la dignidad humana, no podrá justificar conductas humillantes en su trabajo o en su hogar; significa que, si promete superarse, tendrá que invertir tiempo, disciplina y energía real en hacerlo.

El sociólogo Erving Goffman explicó que todos actuamos en escenarios sociales, mostrando una “fachada” ante los demás, la masonería seria intenta desmontar esa fachada, no para exponer públicamente sus debilidades, sino para que usted las conozca y trabaje sobre ellas. Ese proceso no siempre es cómodo. Puede producir crisis personales, cuestionamientos profundos e incluso conflictos con personas que preferirían que usted siguiera siendo el de siempre.

En la vida personal, el riesgo es claro: ya no podrá vivir con la misma superficialidad moral, empezará a notar contradicciones que antes ignoraba. Tendrá que preguntarse por qué actúa como actúa, qué lo mueve realmente, qué miedos gobiernan sus decisiones.

En la vida familiar, la exigencia es aún mayor. No tiene sentido hablar de valores elevados si en casa predomina el irrespeto, la indiferencia o el autoritarismo. La masonería no lo hará perfecto, pero sí más consciente. Y esa conciencia puede ser incómoda. Porque lo enfrentará a la pregunta más difícil: ¿soy en privado la misma persona que aparento ser en público?

En el ámbito laboral, las implicaciones pueden ser concretas. Si usted asume seriamente principios como la rectitud y la justicia, puede encontrarse en tensión con prácticas comunes: favoritismos, pequeñas corrupciones, silencios cómplices. Mantenerse firme puede costar oportunidades, no siempre es rentable ser íntegro. Pero la masonería no promete rentabilidad; propone coherencia.

También existen riesgos sociales. En algunos contextos, la masonería es incomprendida o vista con sospecha. Usted puede ser etiquetado por pertenecer a algo que otros no conocen. Tendrá que aprender a sostener su identidad con serenidad, sin fanatismo y sin vergüenza.

Hay además un riesgo interior más profundo: el cambio. El psicólogo Carl Rogers sostenía que el crecimiento personal implica abandonar la imagen idealizada que tenemos de nosotros mismos para acercarnos a lo que realmente somos. Ese proceso puede generar ansiedad, porque desmonta seguridades. La masonería, en su versión más auténtica, es un entorno estructurado para ese crecimiento. Y crecer duele.

Nada de esto significa que la masonería sea peligrosa en el sentido dramático que a veces se imagina. No se trata de rituales oscuros ni de poderes ocultos. El verdadero riesgo es más sencillo y más serio: usted puede empezar a tomarse su propia vida con mayor responsabilidad.

Entrar en la masonería implica aceptar un compromiso con el mejoramiento constante; implica dedicar tiempo regular a reflexionar, estudiar, dialogar y revisar su conducta; implica someterse a una comunidad que espera coherencia; implica escuchar críticas y reconocer errores.

No es un juego porque no se trata de entretenimiento. Es un camino de trabajo personal estructurado, con reglas, con disciplina y con expectativas éticas claras. Puede enriquecer profundamente su vida si está dispuesto a asumirlo con madurez. Puede, también, confrontarlo con aspectos de usted mismo que preferiría no mirar.

Si usted busca una experiencia ligera, decorativa o puramente social, quizá no sea el lugar adecuado. Si busca un espacio donde se le exija pensar, mejorar y vivir con mayor integridad, entonces está ante algo serio.

La pregunta no es si la masonería es misteriosa. La pregunta es si usted está dispuesto a permitir que algo cuestione sus hábitos, sus creencias y su forma de vivir, porque cuando se la entiende en profundidad, la masonería no es un juego, es una decisión que puede transformar su vida, y, toda transformación auténtica tiene implicaciones.


¿QUIERES SER MASÓN? LA MASONERÍA NO ES UN JUEGO

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